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Historias Cortas · Track 7

Adicto al Suspenso

Jordy Stvaer · 23, sept. 2026

Suspendido de lo alto, miré hacia abajo y no logré distinguir dónde terminaba el vacío ni dónde comenzaba el suelo. No sé reconocer cuánto tiempo llevo en esta posición. Estaba tan aferrado que nada de lo que daba por hecho parecía poder cambiar. No reaccionaba a nada; simplemente me dejé colgar.

Pero no estoy amarrado.

Fui yo mismo quien decidió sujetarse, aunque bajo los susurros de la manipulación, hasta quedar preso de ideas que ni siquiera empezaron siendo mías. Llegué a creerme incapaz de ser amado, aferrándome a las más mínimas —o inexistentes— demostraciones de afecto.

No hay rostro para tal crimen, pero sí la esencia de un acto repetitivo: el deseo de permanecer bajo aquello que te acecha, de seguir viviendo dentro de una relación fallida, convenciéndote de que es mejor contigo que con nadie más.

En medio del desquicio de un amor enfermo, era yo quien seguía suspendido.

No era necesario huir.

Solo soltar.

Pero no lograba saber si sobreviviría a la caída.

A lo largo de cada piso, distintas manos se extendían hacia mí. Algunas parecían representar otras versiones del amor; otras, versiones distintas de mí mismo. Aun así, no estaba listo.

Hasta que, desde lo alto, empecé a escuchar una melodía.

Poco a poco me persuadió a soltarme.

—Sería una buena idea —me decía.

Pero las raíces de mis indecisiones estaban demasiado aferradas al pasado. Entonces comprendí que el pilar que me sostenía era mi propia mano.

Sujetaba algo de metal, ligero como si no pesara nada. Parecía una bandera.

Y pensé en lo absurdo de convertirme en un elemento atado para siempre entre lo suave y delicado y el hierro más despreciable.

Es casi ridículo pensar que una melodía capaz de impulsarte hacia el vacío pueda hacerle frente a la voz que te obliga a aferrarte para no caer.

Pero quizá no existe nada más cruel que alguien que te dice «te amo» mientras te sostiene, aun cuando en realidad no siente nada.

Alguien que no te suelta, pero tampoco te quiere.

Alguien que no permite que las nuevas experiencias —aunque parezcan más de lo mismo— tengan siquiera la oportunidad de responder a todas esas incertidumbres sobre el amor.

No tenía intención de perdonar la locura que me dejó suspendido aquí.

Así que tomaré las partes de mí que todavía funcionan.

Y voy a soltarme.

Aunque todavía no estoy completamente seguro de lo que habrá abajo.

No sé si al caer sobreviviré.

No sé si moriré.

Pero, si sucede...

más vale que sea rápido.